¿Independencia para quién? El sistema previsional argentino en su encrucijada
- Cr. Ramiro Muzaber
- 8 jul 2025
- 3 min de lectura
Por Cr. Ramiro I. Muzaber

Cada 9 de julio, los argentinos celebramos la Independencia como un acto de soberanĆa, coraje y proyección de futuro. Aquellos congresales de 1816 no sólo rompĆan los lazos con EspaƱa, sino que soƱaban con un paĆs libre, justo y próspero. MĆ”s de dos siglos despuĆ©s, la pregunta duele: Āæpuede haber independencia real cuando millones de argentinos y argentinas envejecen en la incertidumbre, dependiendo de un sistema previsional que, lejos de brindar seguridad, se ha vuelto sinónimo de inestabilidad y desigualdad?
El sistema previsional argentino hoy
Nuestro rƩgimen previsional se basa, en lo formal, en un sistema de reparto solidario: los trabajadores activos aportan para sostener a los pasivos. La ANSES administra ese fondo y, con Ʃl, paga jubilaciones y pensiones. Pero la realidad estƔ lejos del ideal.
SegĆŗn datos oficiales, hoy hay alrededor de 7 millones de jubilados y pensionados, de los cuales casi el 65% accedieron al beneficio mediante moratorias, es decir, sin haber completado los 30 aƱos de aportes exigidos por ley. Este nĆŗmero, que refleja una polĆtica de inclusión previsional, tambiĆ©n es el espejo de un mercado laboral devastado por la informalidad, la precarización y la evasión estructural.
Mientras tanto, la tasa de sustituciónĀ (la relación entre el Ćŗltimo sueldo y la jubilación inicial) ha caĆdo en picada. La jubilación mĆnima, a junio de 2025, estĆ” muy por debajo del valor de una canasta bĆ”sica para personas mayores. La fórmula de movilidad, modificada en reiteradas ocasiones, no logra preservar el poder adquisitivo. El resultado: jubilados pobres, con ingresos erosionados por la inflación y sin capacidad de proyectar.
Las falencias estructurales
Las deficiencias del sistema previsional argentino son mĆŗltiples y profundas:
Déficit financiero estructural: el sistema no se autofinancia, y requiere constantes transferencias del Tesoro Nacional. La relación entre aportantes y beneficiarios estÔ desbalanceada.
Judicialización crónica: miles de jubilados deben litigar durante años para obtener reajustes, generando costos adicionales al Estado.
Injusticias internas:Ā conviven jubilados con haberes de privilegio, con aportantes plenos que cobran haberes mĆnimos, y con beneficiarios que no aportaron pero reciben iguales o mayores prestaciones por aplicación de mĆnimos garantizados o bonos.
Falta de incentivos a aportar:Ā la lógica de āigualdad por abajoā desincentiva la formalidad laboral y la cultura previsional.
Moratorias: ¿inclusión o parche perpetuo?
Desde 2005, las moratorias previsionalesĀ se han transformado en polĆtica de Estado. La Ćŗltima ley, sancionada en 2023, permite regularizar aportes impagos incluso a personas que aĆŗn no han llegado a la edad jubilatoria, lo que genera una especie de jubilación anticipada encubierta.
Si bien estas herramientas permitieron que millones de personas āespecialmente mujeresā accedan a una jubilación, tambiĆ©n consolidaron un sistema en el que no aportar no tiene consecuencias reales. Esto tensiona la equidad contributiva, y genera una pesada carga futura para el Estado.
La informalidad laboral (cercana al 40% en algunos sectores) es el corazón del problema. Mientras no se formalice el trabajo, el sistema previsional seguirÔ parchando su déficit con moratorias y bonos discrecionales.
Una independencia inconclusa
La independencia de 1816 fue un acto polĆtico y simbólico. Pero la independencia real, la cotidiana, la que se vive en el plato de comida y en el recibo de haberes, estĆ” pendiente. ĀæPuede considerarse libre una persona mayor que trabajó toda su vida y no logra cubrir medicamentos ni servicios bĆ”sicos?
La Argentina del siglo XXI necesita preguntarse si una Nación es verdaderamente independiente cuando su clase pasiva āesa que dio su esfuerzo productivo durante dĆ©cadasā es tratada como una carga y no como una prioridad.
Conclusión: un nuevo pacto previsional
Urge pensar un nuevo contrato social previsional. No se trata sólo de números, sino de valores: ¿cómo queremos envejecer? ¿Qué nivel de dignidad queremos para quienes ya dieron todo?
El 9 de julio no debe ser sólo una fecha en el calendario. Puede ser tambiĆ©n un llamado a revisar nuestras deudas pendientes con los adultos mayores. Para que la independencia no sea sólo polĆtica, sino tambiĆ©n económica, personal y social. Para que la libertad no termine ni a los 60 ni a los 65 aƱos.