Menos empleo asalariado y más monotributo: ¿cómo impactará en las futuras jubilaciones?

Los últimos datos del mercado laboral argentino muestran un cambio que merece atención: disminuye la cantidad de trabajadores asalariados registrados y crece el número de personas que trabajan bajo el régimen del monotributo.
Según datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), en los últimos doce meses se perdieron aproximadamente 128.600 empleos asalariados privados, lo que representa una caída del 2,1%. Al mismo tiempo, la cantidad de monotributistas aumentó en casi 50.000 personas.
El monotributo constituye una herramienta válida para formalizar actividades independientes. Permite facturar, acceder a una obra social y realizar aportes jubilatorios. Sin embargo, desde el punto de vista previsional, no es equivalente a trabajar en relación de dependencia.
¿Cuál es la principal diferencia?
En una relación laboral registrada, los aportes y contribuciones destinados al sistema previsional se calculan sobre la remuneración del trabajador. Por lo tanto, la historia laboral no solamente registra los años trabajados, sino también los salarios percibidos, que luego pueden influir en el cálculo del haber jubilatorio.
En el monotributo, en cambio, el aporte previsional forma parte de una cuota mensual y se determina según la categoría en la que se encuentre inscripto el contribuyente. Esto significa que una persona puede tener ingresos relativamente elevados, pero efectuar aportes previsionales considerablemente menores que los correspondientes a un trabajador asalariado con ingresos similares.
El riesgo no está solamente en completar los años de aportes
Para acceder a una jubilación ordinaria se requieren, como regla general, 30 años de aportes y la edad jubilatoria correspondiente: 60 años para las mujeres y 65 para los varones.
Los períodos de monotributo correctamente abonados permiten completar esos años. El problema puede aparecer en el monto del futuro haber: una trayectoria laboral extensa basada principalmente en aportes reducidos puede derivar en una jubilación sensiblemente menor a los ingresos que la persona percibía durante su etapa activa.
Además, cuando existen meses impagos, bajas retroactivas o períodos que no aparecen correctamente registrados, pueden generarse faltantes que recién se descubren al momento de iniciar el trámite jubilatorio.
Un cambio laboral con consecuencias de largo plazo
El crecimiento del monotributo puede reflejar nuevas formas de trabajo independiente, actividades profesionales o pequeños emprendimientos. Pero también puede evidenciar situaciones en las que una verdadera relación de dependencia es reemplazada por una facturación mensual.
Cuando esto sucede, el trabajador no solamente pierde derechos laborales actuales, sino que también puede verse perjudicado en su cobertura previsional futura.
Por eso, el cambio en la composición del empleo no debe analizarse únicamente desde la cantidad de personas ocupadas. También importa la calidad del trabajo registrado y el nivel de protección social que cada modalidad ofrece.
La importancia de planificar la jubilación
Quienes desarrollan actividades como monotributistas deberían revisar periódicamente su historia laboral en Mi ANSES, controlar que los pagos estén correctamente acreditados y evaluar con anticipación cuál podría ser su situación al alcanzar la edad jubilatoria.
La jubilación no comienza a planificarse al final de la vida laboral. En un mercado de trabajo cada vez más independiente y fragmentado, revisar los aportes y considerar alternativas complementarias de ahorro previsional se vuelve una decisión cada vez más necesaria.
Por Cr. Ramiro I. Muzaber



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