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¿Alcanza con una jubilación?

28 jun
7 min de lectura

La nueva realidad previsional: por qué hoy es indispensable comenzar a planificar un retiro complementario


Durante mucho tiempo, millones de argentinos crecieron con la convicción de que, al finalizar su vida laboral, la jubilación otorgada por el Estado sería suficiente para mantener una vida digna y afrontar con tranquilidad los años de retiro. Esa idea, profundamente arraigada en nuestra cultura previsional, hoy merece ser replanteada.


La jubilación por el sistema de reparto, continúa siendo uno de los pilares más importantes del sistema de protección social. Su finalidad es brindar cobertura económica frente a la contingencia de la vejez, garantizando un ingreso mensual que permita afrontar las necesidades básicas una vez finalizada la vida laboral activa.


Sin embargo, la realidad económica, el aumento sostenido de la expectativa de vida, el crecimiento de los costos vinculados a la salud y la diferencia existente entre el salario activo y el haber jubilatorio obligan a realizar una reflexión mucho más amplia.


La pregunta ya no debería ser únicamente "¿Cuándo me puedo jubilar?". La verdadera pregunta es: ¿Cómo quiero vivir durante mi jubilación? Y esa respuesta difícilmente dependa únicamente del haber que otorgue el sistema previsional.


La jubilación no fue diseñada para reemplazar el salario


Existe una idea equivocada según la cual la jubilación debería permitir mantener exactamente el mismo nivel de ingresos que una persona tenía durante su etapa laboral.


En realidad, ningún sistema previsional del mundo funciona de esa manera. Los sistemas públicos de jubilaciones fueron concebidos para otorgar una cobertura económica frente a la vejez, pero no necesariamente para sustituir el cien por ciento del ingreso que una persona percibía mientras trabajaba.


En Argentina ocurre exactamente lo mismo. Incluso quienes reúnen una extensa carrera de aportes, cumplen todos los requisitos legales y acceden al haber máximo previsto por el sistema, suelen experimentar una reducción significativa respecto del ingreso que obtenían durante sus últimos años de actividad.


Pensemos en un ejemplo muy frecuente: Un gerente general, director o profesional altamente calificado que durante la última década de su carrera obtuvo ingresos mensuales cercanos a los $5.000.000 o incluso superiores, difícilmente logre mantener ese mismo nivel de vida dependiendo exclusivamente de su jubilación. Actualmente, el haber jubilatorio máximo ronda los $2.713.948,17 mensuales.


Ello significa que esa persona podría ver reducido su ingreso disponible en aproximadamente un 45 %, sin considerar el efecto de la inflación, la evolución futura del sistema previsional o el incremento de sus gastos personales.


Esa diferencia impacta directamente sobre el estilo de vida, viajes, mantenimiento del hogar, asistencia personal, recreación, ayuda económica a hijos o nietos, mantenimiento del automóvil, actividades sociales e incluso pequeños gustos cotidianos comienzan a depender de un ingreso considerablemente menor.


Y existe otro aspecto que suele pasar inadvertido. Paradójicamente, muchas veces los gastos aumentan precisamente durante la jubilación. La necesidad de medicamentos, estudios médicos, consultas especializadas, rehabilitación, tratamientos permanentes, cuidadores o medicina prepaga representa uno de los rubros que más crece a medida que avanzan los años.


En consecuencia, el problema no consiste únicamente en cobrar menos. El verdadero desafío consiste en que, justamente cuando disminuyen los ingresos, suelen incrementarse las necesidades económicas.


Por ello, limitar toda la planificación del retiro exclusivamente a la futura jubilación constituye, en la actualidad, una estrategia que merece ser revisada.


La seguridad económica durante la vejez ya no depende únicamente del sistema previsional.

Depende, cada vez más, de las decisiones financieras que cada persona adopte mucho antes de llegar a la edad de jubilarse.


Los trabajadores autónomos: un ejemplo que invita a reflexionar


Existe una situación que, desde hace muchos años, genera una profunda preocupación entre quienes nos dedicamos al derecho previsional y asesoramos diariamente a trabajadores próximos a jubilarse.


Se trata del caso de miles de trabajadores autónomos que durante toda su vida cumplieron con sus obligaciones previsionales, realizaron sus aportes en tiempo y forma y desarrollaron su actividad con absoluto compromiso, pero que al momento de acceder a su jubilación descubren una realidad que muchas veces no esperaban.


En la mayoría de los casos, el haber jubilatorio que perciben resulta muy inferior al ingreso que obtenían durante su vida laboral.


Comerciantes, profesionales independientes, productores agropecuarios, pequeños industriales, médicos, arquitectos, abogados, contadores y tantos otros trabajadores que durante décadas sostuvieron su actividad económica con esfuerzo y responsabilidad suelen acceder a prestaciones previsionales que, en muchos casos, se aproximan al haber mínimo garantizado.


Actualmente, dicho haber asciende aproximadamente a $403.317,99, al que se adiciona un bono extraordinario de $70.000, suma que permanece sin modificaciones desde hace un tiempo y que, naturalmente, pierde capacidad adquisitiva frente al aumento del costo de vida.


Es importante aclarar que esta situación no implica que los aportes realizados durante tantos años hayan sido inútiles. Todo lo contrario. Gracias a ellos esas personas acceden a una cobertura previsional de por vida, con movilidad conforme a la legislación vigente y con acceso a la cobertura de salud que brinda el sistema.


Sin embargo, desde una perspectiva estrictamente económica, resulta evidente que ese ingreso difícilmente permita sostener el mismo nivel de vida que una persona tenía durante su etapa de mayor actividad profesional.


A ello debe agregarse un dato que suele pasar desapercibido. Quienes llegan a la edad jubilatoria también enfrentan nuevos gastos que antes no existían o que eran considerablemente menores: medicamentos de uso permanente, estudios médicos, consultas con especialistas, tratamientos, rehabilitación, servicios de asistencia domiciliaria y, en muchos casos, la necesidad de conservar una cobertura de medicina prepaga para complementar las prestaciones disponibles.


Todo ello implica que, precisamente en el momento en que los ingresos disminuyen, los gastos personales tienden a incrementarse.


No se trata de una realidad exclusiva de los trabajadores autónomos. También puede afectar a empleados en relación de dependencia con altos ingresos, directivos de empresas, ejecutivos y profesionales jerarquizados.


Sin embargo, el caso del trabajador autónomo representa uno de los ejemplos más claros para comprender una idea fundamental: la jubilación constituye una base indispensable de protección social, pero no debería ser el único recurso económico previsto para la etapa del retiro.


Por esa razón, cada vez cobra mayor importancia un concepto que durante muchos años fue poco difundido en nuestro país: la planificación previsional integral.


Planificar el retiro ya no significa únicamente reunir los años de aportes necesarios para obtener una jubilación.


Significa comenzar, con suficiente anticipación, a construir un patrimonio que complemente ese ingreso mensual y permita afrontar con mayor tranquilidad una etapa de la vida que, afortunadamente, hoy suele extenderse durante veinte, treinta o incluso más años.


En definitiva, una buena jubilación no depende exclusivamente de la resolución que emita ANSES el día en que se otorgue el beneficio. Depende, en gran medida, de las decisiones que cada persona haya tomado muchos años antes.


La segunda jubilación: un concepto que llegó para quedarse


Cuando hablamos de jubilación, la mayoría de las personas piensa inmediatamente en ANSES.


Durante décadas, el sistema previsional argentino fue prácticamente la única alternativa conocida para obtener un ingreso al finalizar la vida laboral. Sin embargo, el mundo ha cambiado.


La expectativa de vida es cada vez mayor, las personas permanecen más años jubiladas, los costos vinculados a la salud aumentan sostenidamente y las necesidades económicas durante la vejez son muy diferentes a las de hace treinta o cuarenta años.


Por ese motivo, en numerosos países comenzó a desarrollarse con fuerza un concepto que, lentamente, también empieza a ganar espacio en Argentina: la segunda jubilación.


¿En qué consiste?


No se trata de obtener dos beneficios previsionales otorgados por el Estado.


La segunda jubilación es el conjunto de recursos económicos que una persona construye durante su vida activa para complementar el ingreso que recibirá del sistema previsional cuando deje de trabajar.


En otras palabras, consiste en crear un patrimonio que, llegado el momento del retiro, genere ingresos adicionales y permita conservar una mejor calidad de vida.


Ese patrimonio puede adoptar distintas formas. Para algunas personas será un seguro de retiro contratado con una compañía aseguradora. Para otras podrá consistir en un fondo de inversión acumulado durante décadas. Habrá quienes prefieran bonos, obligaciones negociables, inmuebles destinados a renta, fondos comunes de inversión, acciones de empresas sólidas o una combinación de distintas alternativas.


No existe una única fórmula válida para todos. La mejor estrategia dependerá de la edad, los ingresos, la capacidad de ahorro, el perfil de riesgo y los objetivos personales de cada individuo.


Lo verdaderamente importante es comprender que la planificación del retiro comienza muchos años antes de jubilarse.


Esperar a cumplir 60 o 65 años para comenzar a pensar cómo financiar los siguientes veinte o treinta años de vida suele ser demasiado tarde.


La construcción de una segunda jubilación requiere tiempo. Y el tiempo constituye, probablemente, el activo financiero más valioso que una persona puede tener a su favor.


Quien comienza a ahorrar e invertir de manera constante a los 45 años dispone de dos décadas para permitir que el interés compuesto, la reinversión de los rendimientos y la acumulación sistemática de capital trabajen en su beneficio.


En cambio, quien posterga esa decisión hasta pocos años antes de jubilarse deberá realizar un esfuerzo económico considerablemente mayor para intentar alcanzar el mismo resultado.


Existe una frase muy utilizada en el ámbito financiero que resume perfectamente esta idea:

"No es necesario ahorrar grandes sumas de dinero; lo verdaderamente importante es comenzar lo antes posible."


La planificación previsional moderna ya no consiste únicamente en reunir los años de aportes exigidos por la ley.


También implica construir, paso a paso, una estructura patrimonial capaz de generar tranquilidad económica cuando finalice la etapa laboral.


Porque, al fin y al cabo, la verdadera independencia financiera durante la jubilación no depende exclusivamente del haber mensual que otorgue el Estado.


Depende de la capacidad que cada persona haya tenido para crear otras fuentes de ingresos que acompañen y complementen esa prestación durante el resto de su vida.


Reflexión final


La jubilación constituye uno de los logros más importantes de la vida laboral. Representa el reconocimiento a años de esfuerzo, trabajo y aportes al sistema previsional.


Sin embargo, las transformaciones económicas, el aumento de la expectativa de vida y los nuevos desafíos que enfrenta la población adulta mayor nos invitan a ampliar nuestra mirada.


Hoy ya no alcanza con preguntarnos si reunimos la edad y los años de aportes necesarios para jubilarnos.


También debemos preguntarnos cómo queremos vivir esa nueva etapa de la vida.


Planificar el retiro no significa desconfiar del sistema previsional. Significa comprender que una buena calidad de vida durante la jubilación dependerá de varios pilares: una prestación previsional adecuada, una correcta cobertura de salud y, en la medida de las posibilidades de cada persona, un patrimonio o una fuente de ingresos complementaria construida a lo largo de los años.


La mejor decisión no siempre es la que se toma cuando llega la edad jubilatoria. Muchas veces, la decisión más importante es la que se adopta veinte años antes.


Porque la verdadera tranquilidad económica durante la vejez no comienza el día en que se obtiene una jubilación. Comienza el día en que decidimos planificar nuestro futuro.


Por Cr. Ramiro I. Muzaber

Estudio Muzaber & Asoc.

 
 
 

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